martes, marzo 19, 2013

El desencanto del canto de las aves.

En una de mis tantas noches de desvelo, cuando el insomnio perdura, lo que da el nombre a la pagina, me di cuenta de algo en particular, cada vez es menor el canto de las aves en esta ciudad.
Si vives en un lugar donde en la noche escuchas a un ave cantar, pues tienes mi envidia.
No conozco nada sobre canto de aves, aun así  extraño en la mañana escuchar el repiqueteo sonoro de un ave, cualquiera de ellas, en la ciudad que despierta lagañosa, mi sentido auditivo tan solo puede captar, a lo lejos, el sonido de los autobuses empezando su rutina diaria, el paso de motocicletas, por si fuera poco, el camión recolector de basura.
Recuerdo, antaño, el despertar escuchando a la ciudad en su mas intimo instante: desde segundos antes de la alborada, se escuchaba el sonido de un ave cantando, a lo lejos, otra respondiendo a su llamado, dando de por si un halago a los malhumorados sentidos, dictando débilmente las notas, de los acordes en la melodía diurna.
No es una queja, solo pienso en lo agobiante del murmullo de la gran ciudad. El viento en la noche, no te deja olvidar que estas rodeado de cemento, de concreto, de smog, de la soledad.
Tras analizar la evolución física de esta Carita de Dios, veo con decepción como ha crecido ampliamente, hasta sectores insospechados, donde el transporte publico simplemente, no hace presencia. En mi inocente opinión  es por eso que las aves se han escapado de la ciudad, en busca de un sitio mas verde.
No somos seres de ciudad, somos nómadas que buscan expandir su territorio, buscamos la caza como el agua para vivir. Somos seres débiles, olvidados por la evolución  no llegamos mas lejos de la entrada a un refugio inapreciado, e inmediatamente ya deseamos volver, para escondernos de los otros seres con quienes cohabitamos este mundo.
Las aves se han ido, nosotros deberíamos ir a buscarlas. Invitarles a que regresen a la ciudad.

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